DE MI CUERO – José Larralde


Me fui arrimando lento, con todo el miedo de no ser prudente.
No es cuestión de confianza o de recelo, es cuestión de sentido,
de adivinar el viento aunque esté calmo, de intuir la cerrazón
o la fragancia de algún pétalo roto por las ramas entre los tamariscos, que no se si estaban pero que siempre están, porqué el silencio tiene tamariscos.
Igual que un perro que olfatea una tumba arrimé la nariz a la pasada
y no me le atreví al primer intento. Tal vez el corazón no tuvo tiempo
de ponerse a la par del pensamiento, por eso di una vuelta.

No es cuestión de confianza o de recelo, es un montón de cosas que los años apilan en el alma y le ponen sosiego a los apuros y respeto a las ansias.
Yo quería saber de aquellas casas, no tanto en sus afueras,
aunque agatas los ojos prestan luz para palparlas.
No cabe en la mirada todo el tiempo que puso Dios de a mucha y poca plata.
Cuánto tiempo pasa al lado de uno y uno no se le sube. O tal vez uno pasa al lado del tiempo y él nos mira pasar, o a lo mejor ni siquiera nos mira.
A veces pienso que es ser demasiado vanidoso al creer que el tiempo se fija en uno.
Por eso di una vuelta, sacudí la cabeza como quien se levanta de una siesta
y mira en el rastrojo el reverbero que se clava en los ojo como chuzas.
Y allá lo vi, mesturado con las cosas, su rancho, su caballo atado a un palo,
un recado cantor, la bomba bañada de alambre dulce y aquel viejo carro,
el mismo que tantas veces le prestó su pasada a los caminos para que no se borre ni lo siga viendo. Aquel carro que aprovechó la lluvia del verano para enterrar las camas en el barro y evitar el enllante en la herrería.
El hombre abrió los brazos y me dio un apretón con gusto a cimarrrón y yerba fuerte.
¡70 años de gaucho en un abrazo no es cosa de comprar en la botica!
Le sacamos el freno a los recuerdos y los dejamos andar en la gramilla.
Cada tanto algún cardo o abrepuño nos hizo recular alguna lágrima,
no es cosa de llorar y andar moqueando por cosas nada más que ya sabemos sin la necesidad de abrir palabras. Me dijo que estoy viejo. Por las canas, tal vez, o por el tranco, y cómo no voy a ser, ¡si de viejo que estoy no me acuerdo que va a pasar mañana!
Sé que mi barba anda chorreando escarcha y apila cerrazón de madrugada,
de leguas y más leguas que de andarlas son parte de mi cuero y mi arrogancia.
_  Hace tres años que largué la pala_  me dijo, _ la barreta, la púa y las amarras _
_  Ahí ve la california y los pisones, la estiradora vieja y las tenazas _
_  El reumatismo me dejó en el pueblo con un sudor helado en las espaldas,
vivo, y vivo pa mirar cómo se mezclan los pájaros y el sol entre las ramas
y pa no morirme me entrevero cuidando toros en alguna estancia _
_  Mi caballo, ¡je!, mi caballo es un lujo y me acompaña pa no desperdiciar ninguna changa _


Por ser un hombre nomás, ando sabiendo bastante, no hay mal que dure 100 años ni crestiano  que lo aguante. Eso dicen los que saben y ha de ser cierto nomás,
100 años es mucho tiempo pa ponerse a averiguar. No sé si lo que ahúra pasa mañana podrá pasar, o si ha pasado hace tiempo por este mismo lugar.
Cómo saber tanto de antes y el mañana adivinar si, ahora que estoy y lo veo, ni sé p’ande agarrar. El mundo camina tanto sin moverse d’ ande está, ¡je!, creo que ya sé bastante por ser un hombre nomás. Sé que soy una rendija ande espían los demás su propio cansancio viejo de buscar p’ande agarrar. El hombre espía la vida mientras se mira pasar, porqué la vida se queda y es el hombre el que se va. No hay tiempo que ate la vida ni un solo ratito más, cuando se sale de adentro no sirve mirar p’atrás. No sé si tendrá horizonte el pago del más allá, si tiene ha de ser distinto, calculo ha de ser acá. Mirar lejos es tan fácil que da vergüenza mirar, la cosa es mirar cerquita, ver y poder encontrar. A veces el hombre encuentra también por casualidad besos, caricias y dicha y a veces palos nomás.
Mirar lejos es muy fácil, porque uno la puede errar sin miedo a que le reprochen los que suelen reprochar. Llegar a viejo sabiendo cómo se supo llegar es como vivir dos veces, alcanza con recordar. Uno a veces cree saber los misterios de la vida, de la que pasa y se olvida y la que viene después. Uno cree poder, poder analizar la espesura del hombre con sus achuras, su gozo y su padecer pero uno no logra ver más que el bulto del ovillo y hasta parece sencillo poderlo desenvolver, pero empieza a no tener ni como agarrar la punta cuando las vueltas se juntan y d’entran a no ceder. Uno marcha por la vida y va rejuntando escuela, pasiones que se nos cuelan p’ hacer peso en la subida.

Qué pronto se va la tarde por el fondo del camino, qué pronto llega la noche y el final de mi destino.
Qué pronto se pone escuro aunque se esté prevenido, qué noche negra la noche del que va rumbo al olvido.
Quién le pone precio al cielo, cielo del hombre vencido, cuando pregunta la muerte cuánto costó lo vivido.
Cuando el hombre llora sólo, lo mira Dios y por eso el llanto de un sólo vale lo que vale el universo.
Qué noche negra la noche del que va rumbo al olvido.

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Una resposta a DE MI CUERO – José Larralde

  1. Jordi ha dit:

    En este texto, el autor José Larralde, describe su emocionado regreso a Huanguelén, lugar donde nació,muchos años despues de su partida.

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