ALLÁ POR EL COCHICÓ

 

 

Era un perro negro entero con ni una mancha tocao.

Pobre perro, pobre perro, se me murió envenenao.

Me lo regaló un paisano cuando anduve por Deró,

cachorro montón de pelo, panzudo y garugador.

Dende que vivió conmigo jamás le faltó ración

y  hasta una vez de campaña me lo vacunó un Dotor.

Yo que no tuve caballo tuve un perro, sí señor,

una cosa es andar solo otra cosa es andar dos.

No hubo liebre ni mulita ni bicho que se voló,

era un ‘balazo’ mi perro y además, olfateador.

Cuando pionaba de changa allá por el Cochicó

lo dejé sólo en el rancho y alguno me lo mató.

No se puede llevar perro cuando se anda de lechuzón

trotiando y tragando tierra entre cuneta y camión.

Me dijieron que un vecino, me dijieron… qué sé yo!,

la cosa es que ando sin perro… Dios te salve, matador!

Yo que no tuve caballo tuve un perro, si señor,

lo dejé sólo en el rancho cuando fui p’al Cochicó.

Tal vez el que lo matara conmigo no se animó,

pobre perro, pobre perro… un maula me lo mató.

Ya no dejo sólo a náides, mi perro me lo enseñó,

lástima se apriende tarde, el hombre que como yo,

tuvo un perro negro entero y sin perro se quedó

por ir a pionar de changa allá por el Cochicó.

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