YO PERDI EL MEJOR AMIGO – Víctor Abel Giménez

 

Tal vez en aquella tarde yo perdí el mejor amigo.

Algo que quiero contarle, que fue un simple sucedido,

y que d’entró a mi memoria por casualidad. Ahúra mismo

estoy mirando a ese perro y se me antoja perdido.

Fue cierta vez que venía sin mucho apuro, tranquilo,

solo con mis pensamientos, medio chiflando bajito.

Veo a mi sombra que se agranda de improviso y, dónde

estiro las vistas, se topan con un amigo… ¡ un perro !.

Un perro que de pasada se me cruzó en el camino y,

como tal vez los dos andábamos aburridos, nos paramos

a charlar para descontar el vicio. Le dije: – ¿Cómo le va?,

¿Cómo anda, don perrito? -, y ahí nomás, me contestó

con ojos agradecidos y un movimiento de cola que quiso

decirme: -Ando solo y sin cariño -.

Antes de seguirle el cuento le pinto el animalito:

Era medio color bayo, ni muy grande ni muy chico.

No andaba necesitao porqué lo vi bien comido, pero solo

y sin un rancho que diga: ‘éste es mi sitio’. Entonces, le seguí

hablando: – ¿De dónde diablos ha salido?,   ¡ Seguro que hizo

algún daño y lo han echao al camino !.  Con los ojos volvió a

hablarme y me sentí confundido porqué, con una mirada,

el perro mil cosas dijo, que solo…que solo puede contarlas

el que un perro haya tenido… y ya se me fue la mano a la

cabeza del perrito y los dos nos dimos cuenta que ya éramos

amigos, y yo caminando y él hizo lo mismo, conversando y

conversando tal vez, tal vez de ‘bueyes perdidos’!.

Después, mire, me puse a pensar… ¡otro perro!, ¡Jesús Cristo!,

Problemas allí en la casa con la patrona, los chicos y con los

otros dos perros, el ‘Corbata’ y el ‘Solito’… Le dije: – ¡Fuera, fuera!,

¡apártese del camino!. –  Pienso que no me entendió, porqué

me siguió lo mismo. Me puse más serio: – ¿No me entendió?,

¡Fuera, le he dicho! –  Me puso los ojos como ignorando el motivo.

El no podía entender lo que era un problema mío. Si yo no le había

contao que era casao, con hijos, y que en mi rancho otros perros

tenían allí su sitio. No me quiso obedecer, de atrás me siguió lo mismo

y solamente paró cuando le pegué unos gritos y le tiré, p’asustarlo,

un pedazo de ladrillo. Entonces… entonces ya se quedó sin seguir

mi recorrido. Aunque yo me hacía el fuerte d’entré a sentir un

martirio, porqué en la huella dejaba a quién me eligió de amigo y

que hasta había pensao ponerle de nombre el ‘Indio’ y, aunque no

quise mirarlo pa verlo y pa despedirlo, se dio la vuelta la cabeza y

allá estaba muy solito. Menos mal que un lagrimón se me cruzó de

improviso y me ñubló la mirada borrándome ese perrito.

Tal vez… ¡tal vez en aquella tarde yo perdí el mejor amigo!.

 

 

 

 

 

Aquesta entrada ha esta publicada en VÍCTOR ABEL GIMÉNEZ. Afegeix a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s