ROMANCE DEL MALEVO – Osiris Rodríguez Castillos

Nunca leí un relato sobre un perro que me impresionara tanto, que me pareciera tan bello y a la vez tan desgarrador.
Del mismo modo que el autor lo dedicó a su perro ‘Leal’ (‘el que le envenenó un milico’) yo,  como lector y admirador de su obra, me permito aprovechar este espacio para dejar unas palabras evocando a mi perrita ‘Maui,’ compañera inseparable durante muchos años.
Era de raza caniche y como dijo Larralde: ‘negro entero, con ni una mancha tocao’.
Mientras estuviera yo en la casa, se convertía en mi sombra.
Ni sé la de ocasiones que subió y bajó los 48 escalones de la casa, recorriendo tras de mí
las diferentes habitaciones, la mayoría de las veces sólo para recuperar algún objeto
olvidado. Cuando la espera se prolongaba, siempre encontraba un rincón estratégico
para enroscarse como dormitando, pero con un ojo alerta en permanente vigilia.
Era muy circunspecta y no recuerdo que nunca diera, ‘como otras’, a nadie un lametón.
En cambio, su mirada era expresiva por demás. Dicen que los perros no hablan porque
no lo necesitan y ella siempre hizo honor a esta frase. 
Cuando ya de viejita contrajo una enfermedad, finalmente tuvimos que llevarla al
veterinario para que la durmieran. Quiero creer que se fue como ella hubiera deseado,
con el amor, las caricias y el cuidado que sus mejores amigos, mi mujer y yo, le prodigamos en
sus últimos instantes.
Cuando noté en mis manos que ella doblaba la cabeza, pensé que al fin dejaba atrás los sufrimientos y se adentraba en el silencio, la paz y, con toda seguridad, en el cielo de las fieles mascotas, donde imagino que habrán verdes prados para escarbar y aromáticos árboles, yerbas
y flores para olisquear.
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Yo no atrancaba las puertas de mi rancho, ni durmiendo.

¿Pa qué? ¡Si del lao de ajuera, por malo que juese el tiempo,
la enrejaba de colmillos el coraje de mi perro!.
Cimarrón, medio atigrao, lo hallé perdido en las sierras
boqueando de agusanao. ¡Malo como manga de piedra!,
tuve que tráirlo enlazao pa curarle las bicheras.
Y áhi se quedó aquerenciao. Compañero de horas lerdas,
trotando bajo el estribo ni carculaba las leguas
y ande aflojaba la cincha se echaba a cuidar las priendas.
Eso sí, ¡muy delicao!, ¿manotiarlo?, ¡ni le cuento!.
Se ponía di ojo estraviao y se le erizaba el pelo,
con que tenía bien ganao su apelativo: ¡el Malevo!.
¡Qué animal más capacitao pa’l trabajo en campo abierto!.
¡Había que verlo al mentao trajinando en un rodeo!.
De ser crestiano, ¡clavao qu’era dotor aquel perro!
¿De echar tropilla al corral?. Le chiflaba entre dos dedos
y embretaos en el chiflido, me los tráiba crin al viento,
¡y era un abrojo priendido a los garrones de un trueno!.
Una vez, bandeando tropa con much’agua en el río Negro,
caí quebrao de un apretón entre un remolino de cuernos
y me ganó la mollera l’escuridá y el silencio…
Cuando volví a abrir los ojos, cruzaba una nube en el cielo…
Gemidos y lambetazos llegaban como de lejos. ¡Redepente compriendí!.
Medio me senté en el suelo pa darle las gracias:
‘¡Hermano!, d’esta te quedo debiendo. No me halla ni el pan bendito
si no me sacás, Malevo!’. ¡Y una inmensa gratitú se me atracó en el garguero!.
Güeno, la cosa pasó. Yo d’entré pa’l casamiento. Hice el horno, la cocina…
Mi rancho estiró un alero y en su chúcara clinera charquió el arrorró y el rezo.
¡A los dos años gatiaba mi gurí sobre un pelego o andaba por el guardapatio
priendido a la cruz del perro. ¡Ah!…,porque el me le sacó las cosquillas al Malevo.
Lo habrá tomao por cachorro de su cría, el pendenciero. Le soportaba imprudencias,
se priestaba pa sus juegos y ande amenazaba cáirse, se le echaba bajo el cuerpo.
La cosa fue tan de golpe que hasta me parece cuento… Jué dispués de un mediodía,
como pa fines de enero. Yo me había echao en el catre pa descabezar un sueño.
La patrona trajinaba prosiando con el borrego y un redepente aquel grito como de terror: ‘¡Rosendo!’.
Y ya me pelé pa´l patio manotiando el *caronero. Ella estaba contra el horno,
tartamudeando en silencio. Tenía el gurisito alsao, tembloroso contra el pecho
y avanzando, agazapao como una fiera, mi perro. Enseñaba los colmillos como puñales.
Los pelos se le habían parao de un modo que costaba conocerlo y en las brasas de sus ojos
se habían quemao los ricuerdos. De un salto me le puse enfrente. Le pegué el grito: ‘¡Malevo!’.
Le vi soltar una baba… ‘¡Está rabioso, Rosendo!’.
‘¡No te me acerqués, hermano!’, ‘¡Echáte p’atrás!, ¡Juera perro!’
Redepente me saltó, ladié pa un costao el cuerpo, sentí como que la mano lo topaba contra el pecho
y cayó, casi sin ruido, como una jerga en el suelo. Cuando lo miré, los ojos se le habían puesto güenos,
como dándome las gracias se le cortaba el resuello. Se arrastró, lambió mis pies y me brotó un lagrimeo.
‘¡No tenía pa elegir, hermano!’, ‘¡Estabas enfermo!’. ‘¿Sabés?, jue por el cachorro, de no, no lo hubiera hecho…’
Meneó la cola una vez, dos veces, y quedó muerto.
Por eso es que desde entonces no me gusta tener perro y cuando voy de a galope,
me parece que lo siento seguir abajo el estribo, trote y trote por el tiempo.
* también se llama así el facón.
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6 respostes a ROMANCE DEL MALEVO – Osiris Rodríguez Castillos

  1. eva ibarra ha dit:

    que triste y que lindo cuento me hace acordar a mic perras tota ,lulu,lola y tota dos las cuales muriern por diferentes y tragicas sircunstancias amo a los perros y se el dolor inmsno que se siente perder uno.y tambien creo que sus almas continuan con sus dueños y sus perdidas duelen tanto como la de un humano

  2. eduardo da silveira ha dit:

    ES UN CALIDO Y HERMOSO POEMA GAUCHO EL QUE OSIRIS NOS HA DEJADO QUE REMEMORA LOS MOMENTOS TAN PECULIARES QUE SE EDIFICAN EN LA INTIMIDAD DE LA VIDA SENCILLA DON DEL CORAJE, LA LEALTAD Y EL AFECTO CORREN EN LA MISMA SENDA Y DAN LUGAR A LIGADURAS ENTRE ANIMALES Y SERES HUMANOS DIGNAS DE ENVIDIA Y ADMIRACION.
    EL MALEVO ES UN CLARO EJEMPLO DE CONVIVENCIA, DE RESPETO, AGRADECIMIENTO MUTUO POR LOS MOMENTOS VIVIDOS EN LA SOLEDAD MANSA DEL CAMPO.
    UNA MUESTRA DE LO GENUINO DE LOS SENTIMIENTOS Y DE LOS VALORES QUE HOY SE DEJAN TAN FACILMENTE DE LADO.
    EXCELENTE POEMA, GRACIAS DONDE ESTES OSIRIS.

  3. José Carlos Corbatta ha dit:

    El Sr. Osiris Rodríguez Castillos es el Talento Humano que mejor pinta el atributo que une al Perro con el Hombre. Es un cuadro tan claro y emotivo que queda impreso en la tela que cubre nuestro corazón. Es tan así que por su inspiración cuando leemos el título, ya comenzamos a respirar profundo y sabemos que en cualquier momento comenzamos a llorar. Lealtad que no existe entre humanos, instinto entre Animales, que florece en el hombre como Idealismo.
    Con Humildad le doy GRACIAS al poeta que mejor me llena el vacío y comulgo con Uds. en el eterno respeto por su memoria y orgullo (como exaltación de nuestra Dignidad) por los Gauchos que tomando como escenario la Patria (Campo Argentino), conviven con Perros y Caballos.
    Me inclino por la versión original, luego por la interpretación del Sr. Jorge Cafrune.
    Sí Sr. Eduardo: “EL CORAJE, LA LEALTAD Y EL AFECTO CORREN EN LA MISMA SENDA”
    Afectuosamente.
    Desde Bahía Blanca

    • jordibasol ha dit:

      Totalmente de acuerdo con su escrito, aparcero, y comparto su admiración por el genio oriental Osiris. Creo en las palabras del ‘gaúcho sulriograndense’ Jayme Caetano Braun cuando dice: “Iso é um pampa só” y, luego en ‘castelhano’: “Piedras de un mismo camino, aguas de un mismo caudal” al referirse a la cultura de la RA, la ROU y el ‘brasileiro’ Estado de Río Grande do Sul.

      Desde Santa Cruz de Tenerife reciba un fuerte abrazo.

      Jordi

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