HAIKUS – Mario Benedetti

 

 
 Si en el crepúsculo
el sol era memória,
ya no me acuerdo
 
Invierno, invierno,
el invierno me gusta
si hace calor.
 
Y al laureado
no se le mueve un pelo
allá en su nicho.
 
Las religiones
no salvan. Son apenas
un contratiempo.
 
Despues de todo,
la muerte es sólo un síntoma
de que hubo vida.
 
Las hojas secas
son como el testamento
de los castaños.
 
Lo peor del eco
es que dice las mismas
barbaridades.
 
A nuestra muerte
no conviene olvidarla,
ni recordarla.
 
Hay pocas cosas
tan ensordecedoras
como el silencio.
 
Óyeme, oye,
muchacha transeúnte,
bésame el alma.
 
La vida es breve,
lo afirmaron a una
Falla y Onetti.
 
Me gustaría
mirar todo de lejos,
pero contigo.
 
No sé tu nombre,
sólo sé la mirada
con que lo dices.
 
Puedo morirme,
mas no acepto que muera
la humanidad.
 
Dáme cobijo
con toda la ternura
que te he prestado.
 
En plena noche
si mis manos te llaman,
tus pechos vienen.
 
La golondrina,
de vuelta a su pasado,
no encuentra el nido.
 
No sé mentir,
nunca he mentido, salvo
cuando he sabido.
 
Las soledades,
está de más decirlo,
siempre andan solas.
 
Cuando mis ojos
se cierran y se abren,
todo ha cambiado.
 
No me seduce
el burdel del poder,
prefiero el otro.
 
En todo idilio
una boca hay que besa
y otra es besada.
 
Cómo disfrutan,
en un bando y otro,
los asesinos.
 
La mujer pública
me inspira más respeto
que el hombre público.
 
Cuando te vayas,
no olvides de llevarte
tus menosprecios.
 
Allí en tu alma,
allí en tu corazón,
allí no hay nadie.
 
Se despidieron
y en el adiós ya estaba
la bienvenida.
 
Cuando me entierren,
por favor, no se olviden
de mi boligrafo.
 
Cuando era niño
las canciones de cuna
me desvelaban.
 
Siempre se vuelve
con los primeros amores,
o con los nuevos.
 
Le costó, pero
por fin halló el camino
del camposanto.
 
Con la verdad
no se juega, se juega
con la mentira.
 
En los harapos
puede haber más historia
que en la etiqueta.
 
Resucitar
es tan difícil como
morir con ganas.
 
Los bombardeos
remedian para siempre
la sed y el hambre.
 
Lo que se aprende
en la cama de dos,
no tiene precio.
 
No eras nadie.
Hoy sos el presonaje
de tu velorio.
 
Un pesimista
es sólo un optimista
bien informado.
 
Éstas tristezas
me las trajo el crepúsculo
y no se fueron.
 
Nada conforta
como una teta tibia,
o mejor dos.
 
Tenés tu táctica
ácido en la respuesta,
dulce en el ruego.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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