LOS PUEBLOS – Atahualpa Yupanqui

“Los pueblos, los hombres se enfrían
por ausencia de espíritu.
Pero estamos nosotros, con pedernal y yesca
con melodías y cantares, poemas y reflexiones,
alto desvelo, sueños de todo tipo,
para entibiar las horas de aquellos que no quieren
congelarse todavía”

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EL CANTOR – Osvaldo Butorovich

«El canto me sale, como aprendido, desde el nacer peleando contra el olvido»

Alfredo Zitarrosa fue El Cantor, por el mandato de su voz, extraordinaria, conmovedora e irrepetible; pero también fue un ser excepcional, profundamente humano –y humanista-, un hombre bueno y tierno, ingenuo y solidario, generoso y sensible, contradictorio en sus facetas oscuras, que -tras una apariencia circunspecta y severa- era un tozudo optimista que le cantó al amor bajo todas sus formas: El amor de pareja, el amor a los desposeídos, a sus semejantes; el amor a la vida, en suma,
a la que celebró y en la que siempre tuvo la certeza de que hacía falta, como persona que era. Fue capaz de cantar su amor por un pájaro o por una mariposa, y hasta por una planta, y supo, como expresara Juan Carlos Onetti, llegar al público y hacerlo sentir. Fue un defensor acérrimo de sus convicciones, que partían de la base de que toda persona, por el sólo hecho de nacer, tiene derecho a una existencia digna. Asumió un compromiso ineludible con su tiempo, su clase y su pertenencia social, a través de sus ideas, llevadas a la acción política como militante activo y sostenido en el tiempo, con una congruencia entre la proclama y los hechos, que es muy difícil de encontrar en figuras de raigambre popular.
Su talento como creador le permitió llegar instancias de inspiración tales que dieron como resultado canciones plenas de valores poéticos y musicales, con una rara correspondencia entre texto y melodía, cargadas de belleza, que reconfortan y agradan al espíritu de quien las escucha, sirviéndole de consolación.
Cantó como todos quisiéramos cantar. Y lo hizo de una manera definida e inconfundible, creando un estilo, lo que lo transformó en el símbolo, no sólo de su país sino de toda una región, la América Morena como solía llamarla, y, como consecuencia de ello, se constituyó en una figura de trascendencia universal.
Recibido con una imponente manifestación popular al regreso de su forzado exilio; desaparecido prematuramente a la edad de 52 años; transformado en referente insustituible para sus contemporáneos y las generaciones venideras de músicos y otros artistas populares; respetado por todas las corrientes de opinión; venerado por quienes lo acompañaron en su labor artística y por los que siguen su legado; constituido en uno de
los más altos exponentes del patrimonio musical y cultural de su tierra; su canto, su ejemplo de vida, su actitud militante irrenunciable, perduran en el tiempo y proyectan una luz cada vez más intensa y abarcadora.

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Y VOS NO PODÉS MORIRTE, FLACO – Carlos Molina

Lo conocí al flaco Alfredo
hace más de treinta años,
en el Ateneo del Cerro,
que era un centro libertario,
con los hermanos Mechoso,
con los Gatti y otros tantos
y la sombra de Florencio,
bronce de color anárquico.

Ya leía cuando entonces
los textos de Basso Maglio,
opinante e incisivo,
verbo libre, antidogmático.
Si bifurcamos caminos
tampoco nos separamos,
vamos juntos la esperanza,
la huella del pueblo andando.

Ah, la muerte de ojos huecos
afilaba sus zarpazos,
pero no podrá llegar
pues seguirás rebrotando
junto a la América hambrienta,
con nuestros indios descalzos
y con tambores frenéticos
de negros discriminados.

Por innumerables niños,
legiones, siempre avanzando
como esfinges de ultratumba
que llegan a interrogarnos.
Son los blancos, son los negros
y es el bronce milenario,
y un aluvión de tormenta
de mulatos y de zambos.

Y volvés con todos ellos,
porque todos nos juntamos,
pan universal del pobre
que fermenta desde abajo.
Con Artigas, con Sandino
y el Che la aurora apurando
y un horizonte sangriento
en la cabeza del Chacho.

Con San Martín, con Bolívar
y el gran Moreno de Mayo
como faro, como brújula,
como tromba del oceano.
Y es la montaña, es la selva
con su sinfonía de pájaros
y es el Paraguay que crispa
los puños del Pilcomayo.

Vuelve Solano López
herido, soberbio, trágico,
contra la Triple Alianza
que es irredimible escarnio.
Y es la estirpe escarnecida
de los indios, de los gauchos,
de los patriotas sin patria,
sin tierra, sin pan, sin rancho.

Por eso estaremos juntos
y no podrán separarnos.
Juntos, borrando los dioses
y suprimiendo los amos,
contra la ignominia rubia
que siempre quiso humillarnos.
Proxenetas de los pueblos,
los yanquis y los británicos.

Y es hoy, justamente hoy,
que más podés ayudarnos
a sentar en el banquillo
los asesinos fanáticos,
los crueles torturadores,
los violadores, los sádicos,
los que robaron los niños
que aún los andamos buscando.

Y vos no podés morirte,
no podés morirte, flaco.
Aquí hay mucho por hacer,
y recién está empezando.

 

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GUITARRA NEGRA – Alfredo Zitarrosa

INTRODUCCION
Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra… Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía… Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas… Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan… Cómo traspasarte mis hombres y mujeres bien queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos… Cómo entregarte todos esos nombres y esa sangre, sin inundar tu corazón de sombras, de temblores y muerte, de ceniza, de soledad y rabia, de silencio, de lágrimas idiotas…

ALLANAMIENTO
Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa… Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco… Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma… Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvía, mis amigos, sus nombres, las noches del Café Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplejia, al Uruguay batllista, a Arístides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables… Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono, distintos bajo los
dedos índices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión… Y no halló nada… No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre, ni a mi madre, ni a Marx, ni a Arístides, ni a Lenin, ni al Príncipe Kropotkin, ni al Uruguay ni a nadie… ni a los muertos Fernández más recientes… A mí tampoco me encontró… Yo había tomado un ómnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida… Pasé frente al Nocturno y la vida había pintado unos carteles… Pregunté en una esquina por la hora, y en la bolsa del hombre que me dijo la hora iba la vida, junto con su almuerzo… Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa abiertas… y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las
ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles, por todas las ventanas de los hospitales… la noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol… y se echará en el piso como un perro… y aguardará hasta la madrugada… Hoy… dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre…

LA CASA
… Mi corazón está mejor sitiado que mi casa… mi casa, más cercada que mi barrio… mi barrio, cercado por mi Pueblo… En mi barrio vive el Presidente, cercado por un muro casi derrumbado…

URUGUAY FOR EXPORT
Temblando, con el frontal partido por el marrón, por el marronero, cae sobre sus costillas, pesada como un mundo, la res… Cae con estrépito, de bruces sobre el cemento… balando al descuajarse su osamenta, ya sólo un pobre costillar enorme, ya sólo un pobre cuero y sangre, media tonelada de huesos astillados, hincados en toda esa vida temblorosa y atónita… Ahí se va alzando, como un pesado pingajo, atrapada por la pata por un gancho que le salta arriba, que la alza por un ojal abierto en el garrón de un cuchillazo en plena estupidez sentimental, en plena media tonelada de monstruoso dolor, incomprensible, absurdo, balando, plañidera y tonta, como un escarabajo que no piensa, mientras medita lentamente por qué duele tanto y por qué duele qué parte de quién que es ella misma, la res, abierta al descuartizamiento atroz por todas partes, que nunca habían dolido y que eran tantas partes, tan extensas… y que pastando nunca habían dolido… haciendo leche, esperma, músculos, crin y cuero y cornamenta viva, que eran la vida misma manando hacia sus adentros, vibrando tiernamente como un sol cálido hacia sus adentros… y nunca habían
dolido… Ya está colgada… Las patas delanteras se enderezan, se endurecen y avanzan hacia adelante y hacia arriba, implorantes y fatalmente rígidas, rematadas en cortas pezuñas que hace un instante amasaban el barro del corral, el estiércol de otros cien balidos, dinosaurios del siglo de las máquinas, nacidos para morir de un marronazo… Ahora ya es carne azul colgada en la heladera: “Uruguay for export”… Aquella res, que murió de un marronazo, cayó y tembló todo el frigorífico… Aquella otra res que recibió el marronazo en plena frente, de dos dedos de espesor, mientras entraba al tubo desconfiando porque allí

no había pasto, alcanzó a comprender que había otra res delante, balando, que ya se la llevaba el gancho… y cayó detrás, también, y el cemento tembló bajo esos huesos… Aquella otra res, que esquivó el marronazo y que cayó también, con un ojo reventado y una guampa partida, deshecha, también cayó y tembló la tierra, tembló el marrón, tembló el marronero; la res, murió temblando de dolor y de miedo… de un marronazo en plena frente “for export” del Uruguay…

FOR SHOW (POR VALS)
En la punta del agua… una flor blanca, luminosa, de quince dólares, se hace chispa, se abulta, se diluye, chorrea entre otras flores más pequeñas, llora, se agita, la catapulta el chorro de agua y sube como bola en el aire… Está naciendo siempre, mientras el agua canta en esa fuente de la boîte… Entre aplausitos, al compás de la orquesta, blanda flor blanca, acuosa, nostalgiosa en el aire… subida en los aplausos como espitada, hendida, empitonada… gime y llora en la noche, tira estrellas bailando bajo el humo, renace, llora por el chorro azul-blanco de la fuente como si fuera planta que la cría -y que no es-… y sin embargo, así seguirá abriéndose, muriendo, hinchándose y flotando, mientras duren la noche, su belleza infantil de ingeniería, su blando corazón bajo el foquillo fijo y lechoso… el gringo, el chorro de agua a precio, el aire de importación, esas hembras, el mozo, esos señores…

MIS ALAS
… Hace un buen rato ya que doy trabajo y vengo acostumbrándome al desuso de mi alma, a la razón del enemigo, a mis sesenta cigarrillos diarios, a las malas costumbres de mis canciones, que de algún modo siempre fueron nuestras, vos lo sabés, Guitarra Negra… Hoy reanudo en un cómico enderezo la hora de ayer parada en su nostalgia… Me hacen sufrir las alas que me puse para volar, mas grito y se alzan, gimo y me acompañan, río y baten de a dos, como que están amándose y se odian sin embargo mis dos alas… se odian, se enderezan, se hacen amigas mías para llevarme por todas partes: allá está la canción, aquí
la nada… más allá el Pueblo y más acá el Amor… Pero el Pueblo está también más acá… y antes estaba allá también, detrás del Pueblo el Pueblo… Hemos viajado por todos mis caprichos y el Pueblo osando (sic) el piso, amándose con alas como las mías… odiando su destino, odiándome y amándome sin alas, con millones de pies, con manos y cabezas y lenguas… y sus mil bocas dicen: “ahora, la suerte ya está echada…”

LA MARIPOSA
La mariposa viene hacia mí en la calle, en el aire húmedo, por el aire húmedo bailando, por el aire agobiante, ominoso, bailando en el aire caliente… y yo vi que no era a mí a quien buscaba sino a la muerte… y que no buscaba la muerte también vi, porque no era mariposa de la ciudad de hierro, ni nacida para eso… sino que era mariposa nada más, en la ciudad, presa y ya muerta de antemano, fatalmente… buscando en ese bailar loco y frágil un ala, un grano, una pizca de polen en el cemento… Porque la mariposa nace y no aprende nada hasta que muere en cualquier sitio, herida de muerte por su semana justa, por su tiempo preciso, por su sorbito de vida ya bebida… Eso no es tan triste… triste es ver su cadena de huevos en el hollín, depositados junto a un río de aceite, a la sombra de las altas paredes de cemento… Su cadena de huevos de seda…

HAGO FALTA
Hago falta… yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy… Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera… Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado… falta mi cara en la gráfica del Pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo… los ojos míos en la contemplación del mañana… mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos.

EXHORTACION Y PROPOSITOS
Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra, guitarra negra… Dice Enrique, mi hermano, que hay cierto perro hundido que se lame mansamente y nos lame, lamiéndose, una herida quieta allá al fondo, sentado en su escalón… Y dice más mi hermano el otro Enrique, en Praga: dice que amarte con certeza, hacerte enteramente hembra, darte lo que de vida tengan mis urgencias, será amar más y más a Jaime; amarlo, más de veras… por su alma, su propio perro mordedor bajo el garrote, el cable, el puñetazo, la bolsa de arpillera, el plantón y el insulto… la olvidada mejilla que no ponen ni él ni nadie a golpear… sino con hambre y Rita y José Luis, por Gerardo y Raúl y Rosa y Sara y Mauricio… y por todos nuestros muertos… Y he sabido, guitarra, que este otro perro que criaste, ladrador, campesino, a veces manso o vigilante, que roe su propio hueso en la penumbra y gruñe… cual casi todo perro popular, vagará por tus anchas veredas, tus milongas sangrantes… hasta morir también… tal vez un día… de soledad y rabia… de ternura… o de algún violento amor; de amor… sin duda.

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Atahualpa Yupanqui

“Los pueblos, los hombres se enfrían
por ausencia de espíritu.
Pero estamos nosotros, con pedernal y yesca
con melodías y cantares, poemas y reflexiones,
alto desvelo, sueños de todo tipo,
para entibiar las horas de aquellos que no quieren congelarse todavía”

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AL COMANDANTE ERNESTO CHE GUEVARA

AL COMANDANTE ERNESTO CHE GUEVARA – Alfredo Zitarrosa
Las palabras no entienden lo que pasa:
Las vocingleras, las oscuras, las dóciles,
las que llaman las cosas por su nombre,
las que inventan el nombre de las cosas;
las palabras que dije o me dijeron,
las que aprendí en los libros,
las que escribo,
las que pensé mirando una ventana,
las que acercándose al silencio, gritan;
las que al tocar el fuego, se desfogan,
las que truecan los trinos y los truenos,
las que sirven la mesa de mi casa,
las de la nítida caligrafía que cae por las paredes de la escuela,
las que dicen a dúo el pez y el pájaro;
las palabras que tuve o que no tuve
para llamar al mundo y que viniera,
las que tienden un hilo minucioso
que va de los balcones a las bocas,
y de las bocas a la historia, y pasan,
las que pasan la noche entre papeles,
o suben la escalera del insomne,
y se introducen en su sueño a ciegas;
las que ordenan el ruido en los rincones,
las que barren el vómito de rabia,
las que saltan del fémur a la luna,
las que cortan la sombra calcinante,
las que labran un nombre en una piedra
para mejor perpetuar el olvido,
las que bajan al árbol por el aire
y se trepan al cielo por el tronco,
las que mastican un cangrejo lento,
las que anuncian el fin de la Cuaresma,
las que le quitan sueño al asesino
y lo dejan dormir y le montan guardia,
las que no sangran, aunque se las hiera,
las que no mueren, aunque se las mate;
las que roban futuro en un embudo,
las que administran mitos y virtudes,
las que mantienen trato con el viento,
las que advierten el agua incinerada,
las que abren los labios de la tierra
buscando el astrolabio de tu grito,
las que te dicen, sin creer que oyes:
–Vuelve a pelear Ramón, aunque te mueras…
Las palabras no entienden lo que pasa.

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ALFREDO ZITARROSA

PALABRAS PARA EL AMIGO – Julio César Castro Arcón (Juceca)
Alfredo Zitarrosa agarró y se murió.
A los pájaros se les murió Zitarrosa,
a los tambores del sur, al sur,
a la milonga y al dolor,
a las guitarras, a los boliches,
a todo el Uruguay se nos murió Zitarrosa.

Alfredo Zitarrosa agarró y se murió
con los ojos empapados de vida.
Era un uruguayo impecable,
amigo hasta los puchos,
compañero del alma, nada menos.

A los mostradores de Montevideo
les tomaba el pulso con el culo del vaso,
les diagnosticaba soledades y tristezas
y les recetaba milongas.
se dice que Alfredo Zitarrosa agarró y se murió,

Yo lo sé… pero si alguna noche por ahí,
jugando un truco en “El celestial”,
el Señor te canta una flor con 48,
vos cantále una milonga, Alfredo,
para que vaya aprendiendo lo que son milagros.

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